
Por Gregory Floyd
Presidente, Teamsters Local 237 y Vicepresidente General de la Junta General de la Hermandad Internacional de Teamsters
¡Ah, la Primavera!
Los brotes se convierten en flores; la primera pelota de béisbol de la temporada ha sido lanzada a los vítores de los fanáticos esperanzados, olvidando un decepcionante año anterior. Los camiones del Sr. Softee están de vuelta en la carretera volviéndonos locos con su melodía embriagadoramente desagradable, que hace que los niños pequeños gritaran de deleite y que los adultos buscaran sus billeteras a regañadientes. Comienza a oscurecer más tarde y los pensamientos se desvían hacia los planes de vacaciones de verano y a cuántos días de ayuno de distancia estoy de un cuerpo para traje de baño.
La primavera, el remedio universal para la depresión invernal, no ha podido llegar antes.
Mucho se ha escrito y dicho sobre la primavera y sus atributos. El gran jugado de béisbol Ernie Banks dijo: "Los entrenamientos de primavera significan flores, gente que viene al aire libre, sol, optimismo y béisbol. El entrenamiento de primavera es un momento para pensar en volver a ser joven". La ex primera dama Ladybird Johnson dijo: "Donde florecen las flores, también lo hace la esperanza".
Es un momento en que el caos de las tormentas de invierno queda atrás de nuestro espejo retrovisor y la promesa de un día cálido y soleado puede saludarnos como esa primera taza de café de la mañana. Nuevos inicios, un nuevo comienzo, una pizarra limpia. La inspiración se halla en el aire y la esperanza está en todas partes.

La fundadora ghanesa de Smart Youth Volunteer Foundation, Lailah Gifty Akita, llama a la primavera: "una temporada para que el alma recupere su fuerza". E incluso el comediante Robin Williams tuvo una opinión sobre la primavera, al señalar que es, "la forma en que la naturaleza dice ‘vamos de fiesta’".
No es casualidad que el Ramadán, la Pascua cristiana y la judía sean vacaciones de primavera. La renovación de la naturaleza que viene con la primavera amplifica la promesa de redención incrustada en los eventos históricos que conmemoran las tres religiones.
El Ramadán, una celebración de un mes de duración, marca el mes más sagrado del calendario islámico. Según la tradición, el libro sagrado del Corán fue revelado al profeta Mahoma durante el Ramadán. Los musulmanes creen que durante este mes, las puertas del Cielo están abiertas y las del Infierno cerradas. Los musulmanes se centran en su conexión con Dios, reflexionan sobre sus vidas y dedican tiempo de calidad con amigos y familiares.
La Pascua celebra la resurrección de Jesús y su victoria sobre la muerte. Casi al mismo tiempo, y a menudo de manera superpuesta, los judíos celebran su Pascua, fiesta que conmemora el éxodo de los hebreos de la esclavitud en Egipto. En las fiestas religiosas que se suceden, naturaleza e historia convergen con un resonante mensaje de esperanza. Son fiestas que remiten a la liberación desde un estado de desesperanza. La Pascua le asegura al individuo que la vida es eterna. Ofrece una salida del mundo más allá de la reparación. Celebra una religión que brinda consuelo a aquellos que habían perdido la fe en los dioses de Roma. Difunde el mensaje de que la muerte de uno tiene la capacidad de salvar a muchos, y que la resurrección de Jesús es la máxima afirmación de la vida.
La Pascua convoca a los judíos de manera colectiva al mundo para repararlo. El mensaje de la Pascua es que un faraón tirano podría ser derrocado y una nación tan poderosa como Egipto derrotada. Los esclavos podían convertirse en hombres libres y los oprimidos podían romper los grilletes de su cautiverio. Todo es posible, si solo nos atrevemos a soñar el sueño imposible.
Fue el registro bíblico del Éxodo de Egipto lo que permitió a los seguidores de Martin Luther King Jr. que el espíritu de optimismo prevaleciera y lanzarse a la búsqueda de la igualdad de derechos. Fueron conmovidos por la visión de Moisés guiando a su pueblo a la Tierra Prometida. De hecho, el histórico discurso que King pronunció en el Mason Temple, en Memphis, adonde concurrió el 3 de abril de 1968 para apoyar a los trabajadores de saneamiento que protestaban por sus escasos salarios de $1.65 por hora y sus deplorables condiciones de trabajo, incluyó la línea profética: "Es posible que no llegue allí con ustedes. Pero quiero que sepan esta noche que nosotros, como pueblo, llegaremos a la Tierra Prometida". Fue asesinado al día siguiente. Resultaba irónico que muchos de los partidarios, colaboradores y confidentes de King le hubieran instado a no ampliar su enfoque ni salir de su zona de confort para emprender nuevas causas, tales como la Campaña de los Pobres (Poor People's Campaign), la cual él estaba impulsando. King no tendría nada de eso. Por el contrario, instó a los trabajadores de saneamiento a ir a la huelga diciéndoles: "Hay que intensificar un poco la lucha". Y respondió al argumento de que se contuviera, diciendo:"Hemos entrado en una era en la que estamos llamados a plantear ciertas preguntas básicas acerca de toda la sociedad".

Cuando celebramos el legado del Dr. Martin Luther King Jr., es imposible no reconocer que sus enseñanzas son similares a la lección principal de la primavera: "Sin esperanza, todo estará perdido". Gran parte de la historia de nuestra nación subraya ese sentimiento. Incluso el diseño del sello oficial de Estados Unidos, sugerido por Benjamin Franklin en agosto de 1776, daba fe de esta creencia, con la dramática escena descrita en Éxodo donde Moisés dividió las aguas del Mar Rojo, algo que se halla representado en el sello. El Dr. King agregó: "Lo imposible puede suceder, solo lleva más tiempo".
Sin duda, él podría haberse desanimado en el camino, pero nunca perdió totalmente la esperanza. De hecho, la historia de Estados Unidos da fe de que cuando prevalece la esperanza, incluso lo que pensabas que era la señal de callejón sin salida puede convertirse en un camino abierto.
La primavera nos inspira a emprender ese viaje hacia donde sea que nos lleve el camino.










